
Dos pacientes pueden llegar a consulta con el mismo diagnóstico, incluso con una resonancia que parece muy similar, y aun así necesitar cada uno una cirugía de columna completamente diferente.
Esto ocurre porque no solo es el diagnóstico en sí lo que determina qué cirugía necesita una persona.
La edad, los síntomas, el examen neurológico, es estado de salud, estilo de vida, la ubicación y características de la lesión, el estado de la columna y su evolución son algunos de los factores que debemos analizar antes de decidir cómo intervenir.
Por eso, cuando la cirugía está indicada, se crea un plan de cirugía único para cada paciente. Puede ser que se empleen en determinadas partes del proceso las mismas técnicas o equipos tecnológicos, pero siempre adaptados a cada paciente y no el paciente a la técnica.
Una misma lesión puede presentarse de maneras diferentes

Tomemos como ejemplo una hernia de disco, una de las causas más frecuentes de cirugía de columna.
Dos pacientes pueden tener una hernia en el mismo nivel de la columna y, aun así, necesitar procedimientos distintos.
En las pruebas de imagen, ambos casos pueden tener similitudes y aunque el diagnóstico sea una hernia, lo que necesita la columna de cada paciente es distinto.
En el primero de los casos, la hernia comprime un nervio y produce dolor o pérdida de fuerza, pero la columna mantiene su estabilidad. Aquí, el objetivo quirúrgico es liberar el nervio mediante una descompresión.
En el segundo caso, además de la compresión nerviosa, existe inestabilidad de la columna —ya sea por la propia lesión, por su evolución o por las características anatómicas del paciente—. Cuando esto ocurre, no solo basta con descomprimir: es necesario además instrumentar la columna, es decir, estabilizarla con implantes, para proteger esa zona a largo plazo y para devolverle a la columna su estabilidad original que le permita funcionar adecuadamente.
Lo mismo ocurre con otras lesiones, como la estenosis lumbar, la listesis o determinadas deformidades de la columna: el mismo diagnóstico puede requerir, según el caso, procedimientos muy distintos.
El diagnóstico es solo el inicio. Hay muchas variantes más que vamos considenrando y que determinan cómo manejamos cada cirugía.
¿Qué determina el tipo de cirugía de columna?

Existen varias preguntas que nos guían previo al momento de planificar cada cirugía:
¿Dónde está la lesión? ¿Qué estructuras está comprometiendo? ¿Qué síntomas está produciendo? ¿Existe deterioro neurológico? ¿Qué tan estable es la columna? ¿Qué tratamientos se han intentado previamente? ¿Cómo está su estado de salud en general? ¿Tine alguna condición de salud especial a tomar en cuenta? ¿Qué necesita este paciente para recuperar su función?
La respuesta a todas estas preguntas va determinando cómo va a ser cada procedimiento.
En algunos casos será suficiente una descompresión para liberar un nervio. En otros, será necesario además estabilizar la columna mediante instrumentación. Y en determinadas lesiones puede ser posible realizar el procedimiento mediante un abordaje mínimamente invasivo, mientras que otras requieren una estrategia quirúrgica diferente.
Inclusive la misma técnica se aplica de diferentes maneras para cada paciente.
Por eso, hablar de una única cirugía para todos los pacientes con un mismo diagnóstico, sería simplificar demasiado lo que realmente conlleva la cirugía de columna.
La cirugía mínimamente invasiva también debe adaptarse para cada caso
La cirugía mínimamente invasiva no significa realizar siempre la misma operación a través de una incisión pequeña. Significa buscar el acceso más adecuado para resolver la lesión causando la menor agresión posible a las estructuras sanas.
Dependiendo del caso, podemos utilizar diferentes abordajes y técnicas. Por ejemplo, una descompresión de una raíz nerviosa puede realizarse mediante un acceso reducido. En otros pacientes, además de descomprimir, necesitamos recuperar la estabilidad de la columna y utilizar implantes.
La decisión depende de la anatomía y de lo que necesitamos conseguir. Sin embargo, la mínima invasión no es el objetivo por sí mismo. Es una herramienta para alcanzar el objetivo quirúrgico, mientras buscamos preservar al máximo la anatomía cercana.
Así, la tecnología permite adaptar la cirugía a cada paciente. Una vez definida la estrategia quirúrgica, la tecnología nos permite ejecutarla con un nivel de precisión mucho mayor en cada cirugía.
Actualmente podemos integrar herramientas como:
- Neuronavegación
- Tomografía intraoperatoria 3D
- Neuroendoscopio
- Exoscopio
- Monitoreo neurofisiológico transoperatorio
Cada una aporta información diferente y, cuando el procedimiento lo requiere, pueden trabajar de manera integrada.
La neuronavegación nos permite conocer con precisión la ubicación de las estructuras anatómicas y orientar nuestro trabajo durante la cirugía. La tomografía intraoperatoria 3D permite obtener imágenes durante el procedimiento y comprobar la anatomía y, en determinados casos, la posición de los implantes sin esperar a terminar la cirugía.
El exoscopio proporciona una visión magnificada y en alta definición del campo quirúrgico, mientras que el monitoreo neurofisiológico permite vigilar determinadas funciones neurológicas durante el procedimiento.

Más tecnología no significa una cirugía con mayor manipulación
Cuando hablamos de incorporar más tecnología a una cirugía, no buscamos hacer más cosas. Buscamos poder hacer exactamente lo necesario con mayor información y precisión:
- Si conocemos mejor la ubicación de una lesión, podemos planificar mejor el acceso.
- Si podemos visualizar estructuras diminutas con mayor detalle, podemos trabajar con mayor precisión.
- Si podemos comprobar la anatomía durante el procedimiento, podemos tomar decisiones con información actualizada.
- Y si podemos monitorizar determinadas funciones neurológicas, contamos con información adicional mientras realizamos la cirugía.
Por tanto, la tecnología no reemplaza el criterio del neurocirujano. Lo potencia.
La misma enfermedad, pero diferentes necesidades
Esta es una de las razones por las que no considero que exista una cirugía “estándar” que pueda aplicarse de la misma manera a todos.
El trabajo del neurocirujano comienza por entender qué está ocurriendo, qué estructura está comprometida, cómo está afectando al paciente y qué necesitamos conseguir con la cirugía.
Solo con eso claro podemos pasar después a definir cuál es la mejor estrategia para llegar hasta esa lesión. Y es ahí donde la experiencia del cirujano con el apoyo de la tecnología de alta precisión marcan la diferencia.

El objetivo es conseguir el mejor resultado posible para el paciete en cuanto a aliviar sus síntomas y devolver la funicón de los nervios.
Cuando una cirugía de columna está indicada, el objetivo no debería medirse únicamente por haber conseguido retirar una hernia, descomprimir un nervio o estabilizar una vértebra.
El verdadero objetivo es resolver la causa del problema y ayudar al paciente a recuperar su función.
Por eso, una cirugía de precisión debe considerar tanto la lesión como todo aquello que queremos preservar a su alrededor.
Cada paciente tiene una anatomía, una historia clínica y unas necesidades funcionales diferentes. Por eso cada cirugía es única y debe relaizarse tomando en cuenta todos ellos.
Conclusiones
Dos pacientes pueden compartir el mismo diagnóstico y, sin embargo, necesitar estrategias quirúrgicas diferentes. La razón está en que la cirugía de columna no se decide únicamente por lo que muestra una resonancia, sino por la relación entre la lesión, los síntomas, el examen neurológico y las características particulares de cada paciente.
Cuando la cirugía está indicada, las técnicas mínimamente invasivas y la tecnología de alta precisión nos permiten personalizar aún más la forma de intervenir, buscando resolver la lesión y preservar al máximo las estructuras sanas.
La tecnología nos permite ver y medir con mayor precisión. La experiencia nos permite decidir qué hacer con esa información.
Y finalmente, el objetivo sigue siendo el mismo: resolver el problema y ayudar al paciente a recuperar su función y volver a su vida con la menor agresión posible.
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Créditos
Redacción: María José Lasso – Periodista.
Dirección: Dr. Juan Francisco Lasso – Neurocirujano. Quito-Ecuador. @neurocirugiadrlasso
Artes visuales: REACT Creative Studio® ( Ver más AQUÍ).


